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Flores rotas, el hombre inquieto

COMEDIA Y MELÒ… INERCIA Y NOSTALGIA

Don Johnston (Bill Murray) es un devoto soltero maduro, recientemente abandonado por Sherry (Julie Delply), su última conquista, quien no logra atravesar la natural apatía de Don porno aún en el momento del adiós definitivo.
Sherry se marcha… En el televisor de Don, un contingente de mujeres arrebatadas salen de sus balcones con la esperanza de acaparar la mirada de Don Juan de Manara (Douglas Fairbanks), según el film “The Private Life of Don Juan” (1934), del expatriado húngaro, Alexander Korda.
Súbitamente, Don se ve forzado a reinstalarse en su pasado al recibir una enigmática correspondencia postal. La carta anónima, estampada en un brioso papel rosa, es enviada por una ex amante, y anuncia a Don la existencia de un hijo, ahora adolescente, quien ha emprendido un viaje en busca de su padre. Al principio, Don se ve ciertamente sorprendido, dentro de los posibles márgenes de su peculiar inercia, pero luego emprende un viaje para reencontrarse con cinco ex novias, a instancias de su buen amigo y vecino, Winston, un cálido hombre de familia con tres empleos, natural de Etiopía, …. y aprendiz de detective.
Cortesías no anunciadas, y un ramo de flores rosas para cinco mujeres únicas que depararán a Don más de una sorpresa toda vez que -necesariamente- sobrevenga la evocación del pasado desde un presente estático e inerte.
Una vez más, Jim Jarmusch se adentra en lo que sucede en “la periferia” de la vida misma. Es por ello que no interesan ‘los porqué’ de las acciones de sus porno protagonistas sino tan sólo la descripción de sus situaciones respectivas, ‘el cómo’ de las mismas. Así, en “Flores Rotas”, poco importa si Don resuelve el misterio de su accidentada paternidad … o si halla al hijo desconocido; Jarmusch sólo se interesa por abordar las circunstancias mundanas, mayormente obviadas por su manifiesta incuestionabilidad, y muestra que ellas también están repletas de momentos fascinantes, sea en clave dramática o de comedia. Recordemos que los filmes de Jamursch son muy difíciles de pautar a nivel de género; a propósito, en un irónico ejercicio de encasillamiento, el director definió su excelente “Bajo el peso de la ley” (“Down by Law”, 1986) como una “comedia neo-beat-noir”…
Inevitablemente, “Flores Rotas” también sorteará -aunque mansamente- la amenaza de la estructuración. Y acaso débase ello al impecable manejo de la diégesis, donde cada ámbito, cada universo asumido en que tiene lugar la narración, está perfectamente delineado. Así, ell universo de Don es fijo, inmóvil, invariablemente plasmado a partir de un mobiliario rígido de maderas y tonalidades pardas; el universo de Winston está construido a partir de amarillos naranjas y verdes iridiscentes; y el universo de la evocación femenina es de un rosa omnipresente y … homologador, presente no sólo en Sherry, Laura (Sharon Stone), Dora (Frances Conroy), Carmen (Jessica Lange) y Penny (una fantásticamente desconcertante Tilda Swinton) sino también en personajes femeninos secundarios, como el de Lolita y la vendedora de flores, Sun Green (nombre coincidente con un tema musical perteneciente al álbum “Greendale” de Neil Young, de quien Jarmusch es un reconocido fan).

Los personajes de Jim Jarmusch. Una breve aproximación.

Las criaturas de Jarmusch parecen no tener una dirección definida en la vida. De repente, un traspié las lleva a la aventura, la más de las veces ligada con la figura del viaje, y bajo constantes formales tales como el minimalismo en la puesta, una impecable marcación actoral (talento legado de su admirado John Cassavets), largas tomas ininterrumpidas y el fundido a negro como puntuación.
Dichos personajes son verdaderos ‘misfits’ que van tras el sueño americano. En definitiva, son extraños en su propio país, tal como sucede con los protagonistas de “Extraños en el paraíso” (“Stranger than Paradise”, 1984) y la inmediatamente posterior “Down by Law”.
Indudablemente, la soberbia “Dead Man” (1995) continúa la preocupación del marginal, en este caso, en la desventura de William Blake (Johnny Depp), un dócil contable envuelto en una sangrienta trifulca amorosa que lo lleva a emprender un viaje hacia la costa oeste, travesía no tan sólo física sino mística y escatológica a la vez (la odisea jarmuschiana), en compañía de un indio nativo llamado Nadie (Gary Farmer)… Una vez más, el tópico de la armoniosa -aunque compleja- relación inter-racial. En este film, rodado íntegramente en blanco y negro, Jarmusch incorpora toda la riqueza textural de la fotografía de Robby Muller (frecuente colaborador de Lars von Trier y Alex Cox), no sólo al servicio de un honestísimo preciosismo visual sino de la representación de ese suntuoso y, a la vez, esencial costado de lo salvaje.
En 1999, Jarmusch rueda “El Camino del Samurai” (“Ghost Dog: The Way of the Samurai”), película que ciertamente obra como una suerte de continuación de la temática del ciclo de la vida y muerte, ya expuesta en “Dead Man”.
He aquí algunas de las criaturas de Jarmusch:
William Blake, un afable contable en medio del Oeste;
Ghost Dog (Forrest Whitaker), un solitario ‘hitman’ negro, seducido por el código de honor samurai;
Don Johntson, un estático donjuan entrado en años.
…Todos, extraños en sus propios presentes. Instalado, uno, en un viaje metafísico;
instalado, el otro, en algo más que una cultura totalmente ajena;
e instalado, el último, en su propio enrarecido pasado.

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El nuevo mundo, un encuentro de dos mundos

ACERCA DEL AMOR, LA PÉRDIDA, Y EL DESCUBRIMIENTO

Terence Mallick es una figura poco convencional en el mundo del cine porno, de hecho, no se circunscribe como un realizador al cual se le pueda indagar en busca de una influencia directa en su obra, que, por cierto, no adhiere a los parámetros convencionales de los grandes estudios de Hollywood.

Admirado y criticado por su muy personal y característica filmografía, escasa pero para nada ignorada, el cine de Mallick es un cine de culto, y su obra se encuentra más allá de los fundamentos característicos de lo que hoy puede definirse como Cine Independiente.

Si bien muchos críticos y entendidos se jactan del poco ortodoxo estilo narrativo implícito en su obra, cabe destacar que el cine de Terence Mallick no es narrativo sino poético… Ese es el secreto y el común denominador del realizador.

“La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”, Heidegger.

Fuertemente influenciado por la filosofía porno alemana moderna de Kierkegaard, Heidegger y Wittgenstein, no es descabellado pensar que la aproximación de Mallick al mundo del cine sea desde los preceptos poéticos característicos del cine alemán.

La influencia del cine germano se convierte en la rúbrica del realizador, ya que los personajes de toda su filmografía se presentan introspectivos y reflexivos, centrándose más allá de las circunstancias, contemplando la inmensidad y el poderío de una realidad a la que le perdieron el miedo, y a la cual no dudan en enfrentar aún a costa de sus vidas.

Algo propio de los principios naturales del cine alemán es que no ha de centrarse en lo narrativo sino en lo poético, sus héroes sufren,y se ha de aceptar su sino trágico como a un antagonista abstracto infinitamente más poderoso. Por lo tanto, los personajes de Mallick habrán de ser atravesados por sus contextos, determinantes, y allí es en donde el film comienza a atravesar un período descriptivo por parte de los personajes que de modo subjetivo asimilan líricamente el mundo, las circunstancias y sus vidas.

“El nuevo mundo” es la visión de Terence Mallick sobre el encuentro entre conquistadores ingleses y los nativos norteamericanos de Virginia, suceso histórico que data de 1607 y corresponde a la gestación de la colonia de Jamestown.

Inspirada en la leyenda del siglo XVII acerca del Capitán Inglés John Smith y la joven Princesa indígena Pocahontas, la concepción poética de la vida según Malick convierte al film en un tratado acerca del amor, la pérdida y el descubrimiento, inspiradores tanto como el perplejo descubrimiento de un mundo (América) cual tierra de buenaventura, trabajo y esperanzas.